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La violencia intrafamiliar deja secuelas difíciles de reparar no solo en esa esposa foco de la agresión, sino también en los hijos, víctimas llamadas “Indirectas” pero que resultan con afectaciones muy directas de lo que se vive en casa.
Patricia Fernández mantiene grabados tres momentos de sus siete primeros años de vida. El paso del tiempo no ha logrado despojar a su memoria de los golpes y los insultos que su madre soportaba de manos de su progenitor biológico. Se niega a llamarle padre –”eso es otra cosa”, afirma–. Tampoco olvida una fecha. El 20 de febrero de 2005 una denuncia y una orden de alejamiento les condujo a ella y a su hermano Jesús, que tenía cuatro años, a lo que ahora define como “un infierno”.

El maltratador fue condenado y el juez le dio la custodia a su madre imponiendo visitas con él un día a la semana en un punto de encuentro con supervisión. “Cuando se separaron pensé que el peligro había desaparecido, pero lo único que había hecho era irse de casa”. Porque lo que no hizo la justicia fue escuchar a Patricia y a Jesús: “No queríamos ir a las visitas, era horrible, la policía nos llevaba a rastras”, afirma la joven, al llegar al punto de encuentro siempre se negaba a bajar del coche, afirma, pero “me obligaban a verle”. Son las víctimas más invisibles de la violencia machista, los hijos de las mujeres maltratadas, que no cuentan en las estadísticas oficiales. Seis de cada diez mujeres que sufren violencia machista declara que sus hijos o hijas la han presenciado y, de ellas, un 64% asegura que también la ha sufrido.

A Patricia y a Jesús nunca les pegó, pero “un día se cabreó tanto mientras íbamos en el coche que empezó a dar golpes en el volante y a decir que nos iba a estrellar, que ahí íbamos a morir todos”. Sin embargo, el malestar y la negativa de los hermanos a ver a su progenitor fue interpretada por los psicólogos y educadores sociales del punto de encuentro como evidencia de una supuesta manipulación a la que estaban siendo sometidos por parte de su madre.

“Daba igual lo que yo dijera, la justicia nunca nos escuchó y no solo no nos protegió, sino que nos lanzó a los brazos del maltratador”, sentencia Patricia, que recuerda cómo llegaron a prohibir a su madre llevar a los menores al punto de encuentro por la supuesta manipulación que ejercía.
Les obligaron a las visitas, un fin de semana cada 15 días hasta noviembre de 2013. Aquel día encontró una foto en casa de su progenitor en la que “él había escrito la fecha de su última paliza, el 20 de febrero, junto a la frase ‘te lo mereces’”.

“Llamé a la policía y les expliqué que nosotros no queríamos estar con él, pero que nos habían obligado durante años”. Esa fue la última vez que le vieron. El relato de Patricia y otras tantas como ella ha servido a las expertas que trabajan con hijos e hijas de mujeres maltratadas para denunciar su situación.

Para la candidata a la Cámara de Representantes por el partido de la U, Carolina Flórez, uno de sus principales focos de atención es la violencia que se gesta en los hogares, considerados las células madres de la sociedad, en una familia sonde predominen las agresiones no solo se afecta a la mujer, también a los hijos, y si queremos cambiar el futuro del país, debemos trabajar en proteger a las mujeres y niños del abuso en cualquiera de sus modalidades.

La entrada En lo corrido del año van 9 feminicidios en el Atlántico se publicó primero en Noticias Manizales.

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