A Rodolfo Hernández, el ahora exalcalde de Bucaramanga, yo lo he percibido, al igual que millones de colombianos, como un viejo con los pantalones bien puestos, que se ha enfrentado a la clase política de su ciudad. Su fama creció  con el pescozón a un concejal (lo que le mereció un programa de Jaime Bayly). Y en Voz Populi, de Blu Radio, lo remedan con frecuencia.

Las encuestas que miden la favorabilidad de los alcaldes siempre lo mostraron como uno de los más populares. Hernández es frentero y habla sin adornos retóricos (llamó ‘cargamaletas’ de Luis Carlos Sarmiento Angulo al procurador Fernando Carrillo). Quiere ser candidato presidencial en fórmula con el empresario Arturo Calle y ha hecho de la lucha contra la corrupción su estandarte político. Precisamente por eso es que es necesario preguntarse: ¿quién es en realidad Rodolfo Hernández?

La experiencia internacional, nacional y, desde luego, de Barranquilla, está llena de líderes que, arropados en el trapo de la anticorrupción, han protagonizado actuaciones totalmente lesivas a la moral pública. Es la vieja treta de los políticos que con un discurso mentiroso embaucan a mucha gente. Saben que ofrecer ética y transparencia genera electorado y con esa hipócrita fachada capturan el poder. Detrás de esa careta ocultan lo que en verdad son: asaltantes de lo público.

A Hernández, nacido en Piedecuesta, Santander, yo no lo conozco lo suficiente. Pero hay señales sobre él que inquietan. El columnista de El Espectador Jorge Gómez Pinilla escribió, hace unos días, que Hernández es un corrupto que finge ser honrado, y sostiene que el exalcalde sí sabía en qué andaba su hijo Luis Carlos Hernández, a quien le endilgan que intermedió – a cambio de una jugosísima comisión en dólares – en favor de la Unión Temporal Vitalogic que aspiraba a ganarse la licitación para el tratamiento de las basuras de Bucaramanga. Según el exmandatario, a su hijo lo engañaron y fue un “estúpido” al enredarse en ese tema. “A otro perro con ese hueso”, dice Gómez Pinilla.

Yo indagué con algunos amigos de Bucaramanga y lo que me dijeron sobre Hernández no es muy halagador. Me aseguran que es producto de un mañoso marketing político y que el “cuchito lindo”, como lo llaman sus más impetuosas seguidoras, es un “ídolo con pies de barro”. Mis fuentes bumanguesas definen al exalcalde como un tipo populista, que ha descuadernado y desinstitucionalizado a Bucaramanga y que debe su riqueza de constructor a su recursividad en la compra de tierras y a su ligazón con la contratación pública y la política tradicional. Y agregan: fue gerente y financiador de la campaña del exalcalde Luis Francisco Bohórquez, quien lo antecedió y terminó preso por corrupción.

Y pensar que el viejito empezaba a caerme bien. Es que hasta entretenido es. ¿No lo han visto en el show de ‘Juanpi González Pombo’?

Por Horacio Brieva @HoracioBrieva – El Heraldo

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