El servicio ofrecido por el Transporte Público Colectivo (TPC) que conectaba a los usuarios de algunos sectores del área metropolitana con el Sistema Integrado de Transporte Masivo (Metrolínea) de Bucaramanga pagando un solo pasaje, dejarán de funcionar a partir del 1 de diciembre, debido a que no se logró un acuerdo entre los dos sistemas de transporte en varios temas.

Sin embargo, el alcalde (d) de Bucaramanga, Manuel Francisco Azuero Figueroa, señaló que si bien se tomó la determinación de dar por terminada la ‘prueba piloto’ de las rutas complementarias, si se logra un acuerdo de la implementación definitiva de un sistema de complementariedad antes del 30 de noviembre, el acuerdo podría continuar.

Desde junio de 2017 empezó la implementación de esta modalidad de transporte, con el propósito de mejorar la cobertura de ambos sistemas, ofrecerle un mejor servicio a los usuarios a donde no llegaba Metrolínea, contribuir a un mejoramiento de las finanzas tanto del TPC como de Metrolínea, y bajar los índices de piratería.

No obstante, tras dos años y cinco meses de pruebas y negociaciones no se logró un acuerdo para implementar un sistema de complementariedad definitivo, por lo que la Alcaldía de Bucaramanga, el Área Metropolitana de Bucaramanga (AMB) y Metrolínea decidieron dar por terminado el proceso salvo si se logra un acuerdo antes del 30 de noviembre.

Azuero Figueroa explicó que las rutas piloto eran para evaluar y estructurar un proceso de complementariedad operativa definitiva que ya está dialogado, que se discutió y el siguiente paso era el acuerdo y la aceptación por parte de los transportadores, “pero no se logró el acuerdo y las rutas piloto no pueden seguir de manera indeterminada”.

El Alcalde (d) de Bucaramanga añadió que “lamentamos que se tengan que suspender”, y señaló que no se debe desistir del plan, pues con la puesta en operación de los nuevos portales, la creación del Fondo de Estabilización y el aporte de $30.000 millones que haría la Alcaldía de Bucaramanga a Metrolínea, se mejorarían las finanzas y “las rutas volverían pero no pilotos”.

Los desacuerdos se habrían dado en el modelo operativo (rutas, frecuencias, uso de la flota), la valoración de la canasta de costos del transporte convencional y el modo de pago.

Se conoció que uno de los mayores desacuerdos es la desconfianza de los transportadores convencionales con respecto al recaudo, que lo tendría que hacer el operador TISA, pues así quedó establecido en los contratos de concesión de Metrolínea que van hasta el 2025.

Pese a que la negociación del modelo de complementariedad iba hasta marzo de 2020, por ahora se frena.

(Con información de El Tiempo)

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